Maxwell - BLACKsummers'night (Columbia, 2009)

Sería injusto hablar de los 8 años de espera. También lo sería recordar que esta es la primera parte de una trilogía (el amor perdido, el amor encontrado y el amor consumado) que se completará en tres años. Sería injusto hablar de una manera tan fría cuando alguien nos abre el corazón de esta forma.

“Por primera vez me siento un hombre completo. Alguien que no es juzgado por lo que hace sino por lo que es”. Y éste Marvin Gaye del siglo XXI no duda en mostrarse como tal en BLACKsummers'night.

Porque todo nos hace pensar que desde Embrya ha pasado algo más que una década, que al fin y al cabo sólo es tiempo. Aquel segundo álbum era etéreo, casi irreal. Y éste, el cuarto ya, es un ejercicio de terrenalidad incontestable. Aquel se movía en lo divino y éste no puede escapar de lo humano.

El mejor ejemplo lo encontramos en la voz. El susurro sugerente, incluso lascivo, ha dejado paso a un acercamiento mucho más visceral, a golpes de realismo que se ven acentuados con el gran protagonismo de las secciones de viento, una novedad en su estilo, que sirve para reforzar su intención: a veces pasionales, a veces estridentes, siempre desgarradoras. Sensacionales en “Cold” e imprescindibles en “Help Somebody”. Imprimen vida.

Una deliciosa sensación que tenemos que agradecer a la grabación en directo de la banda. Tan deliciosa que a veces resulta incómoda. Tan incómoda como a veces resulta la verdad.

Hablamos de un hombre que debutó con una obra maestra (Urban Hang Suite) que relataba en once canciones una noche de amor sin condiciones. Alguien que hablaba de conocerte, de tenerte aquí y ahora (Now). Pero algo ha cambiado. Él no oculta la influencia de su última relación. Y no es para menos. De “Ascension” hemos pasado a “Pretty Wings”. De “subamos juntos al paraíso” al “sube tú sola y sé libre porque yo me he equivocado”.

Maxwell deja de acariciarnos, de susurrarnos al oído, para rebuscar en sus entrañas. Te quise, te tuve y te desaproveché. Ahora te necesito y eres inalcanzable. Sólo “Stop The World” nos recuerda la pasión desbordante de anteriores entregas. Ahora la muerte (“Possum Playing”) y la protesta social (“Help Somebody”) tienen cabida en un disco que vuelve a cerrar en instrumental.

Phoenix Rise” no sólo es un título con mucho significado, sino que es el puente de unión hacia el siguiente eslabón de la trilogía. La buena noticia es que esta vez sólo habrá que esperar un año.

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