David Oliver - Jamerican Man [o David Oliver] (Mercury Records, 1978)

Con esta inquietante portada presentaba David Oliver su primer trabajo en solitario allá por el año 1978, de título homónimo por exigencias de la discográfica, o Jamerican Man según reediciones posteriores. Fueron tan sólo cinco años los que transcurrieron cuando el cantante falleció, y sus escasas cuatro entregas se quedarían archivadas en algún estante, fruto de posteriores rescates y reediciones. En cambio, sólo hay escuchar un poco para darse cuenta de que David Oliver tenía motivos para haber sido algo más que una simple estrella fugaz. Veamos... Lo cierto es que la historia de este hijo de inmigrantes jamaicanos empieza demasiado tarde. A pesar de formar parte del coro de su instituto y de amenizar las veladas de los soldados de su escuadrón, este soprano no se tomó en serio lo de cantar hasta los 25 años, cuando forma, en 1967, una prometedora banda multiétnica emparentada con las formas de Tower Of Power. Se hacían llamar Five Days & Three Nights y estuvieron muy cerca de conseguir un sitio en Motown, pero no llegaron a un acuerdo con los de Gordy y la banda se disolvió. Tras varios papeles muy secundarios en los coros o composiciones de trabajos como Mighty Joe Hicks (tremendo, queda pendiente), incluso llega a abandonar la música para ejercer un trabajo cualquiera, hasta que, por fin, en 1977 consigue que Mercury Records lo tenga en cuenta y lo ponga a trabajar con el trombonista Wayne Henderson, compositor de este Jamerican Man. Para quien sea un problema, este álbum no es compacto, no responde a un estilo y no tiene un hilo conductor. Para los que esto sea una ventaja, la peculiar voz de Oliver, con la garra de un barítono y el timbre de un tenor, cubre de maravilla cortes tan variopintos como el soul con tintes jamaicanos de What Kinda Woman, la psicodelia de Ms. (la única canción que tuvo cierto éxito en su momento), el soul-funk rollo Chicago en Friends & Strangers, Let’s Make Hapiness o la fantástica Playin’ At Bein’ A Winner (supremacía vocal), la funkadélica Munchies o el baladón soul-jazz You & I. A pesar de que la producción es realmente exquisita en la mayoría de los temas, no le faltará razón a aquel que opine que hay mejores álbumes de soul/funk, pero donde no hay debate posible es en que, en este puzle heterogéneo, David Oliver muestra unas habilidades vocales a la altura de artistas de primer orden completamente olvidadas. Caprichos del destino.

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