Alice Russell - Pot Of Gold (Six Degrees, 2008)

La asimilación que de la cultura musical negra tienen algunas figuras, en principio alejadas en geografía y color de piel del centro neurálgico del movimiento, como Joss Stone y Alice Russell es encomiable y deja en evidencia a multitud de artistas estadounidenses, a priori criados al calor del soul que, teóricamente les es mucho más cercano, pero que de alguna manera traicionan completamente. Las Brandys y los Ne-yos deberían aprender que una voz bonita encima de un ritmo socarrón, artificial y prefabricado es una fórmula instalada en el polo opuesto de lo que es el soul y el R&B y lo que ha sido toda la vida. De esta idea parece surgir "Pot Of Gold", la última propuesta de una de las reinas del soul (y más cosas) contemporáneo, Alice Russell. Esta colaboradora de Quantic, Bamboos, Roots y Nostalgia 77, entre otros, se desmarca del sonido vanguardista presente en otros de sus discos y nos ofrece un trabajo de alma vintage. Junto a su inseparable productor, el sobrado TM Juke, Mrs Russell levanta el nivel del año soulero con un trabajo espectacular. Y es que sólo con su voz, la compra del álbum estaría justficada. Se nota que se ha empapado bien durante toda su vida de las músicas de Aretha Franklin, Dusty Springfield o Chaka Khan. Ahora bien, si "Pot Of Gold" es de lo mejor que hemos escuchado este 2008 que dentro de nada acabará es también en parte por un brillante apartado instrumental que lleva a cabo una banda de contrastadas aptitudes en la que destaca la batería de Jack Baker y las líneas que Dan Swaine arranca de su bajo eléctrico, además de los Killers Horns que recuerdan por momentos a los Horns del sello Hi de Memphis. Así, la última propuesta de la diva británica repasa de forma brillante el soul, el R&B y el funk de la época dorada de nuestra querida black music. A resaltar, los tintes funkarras de "Living The LIfe Of A Dreamer", "Hesitate" y "Got The Hunger?", el soul de "Turn & Run", "Two Steps" y "Hurry On Now", la potencia de "Let Us Be Loving" y el acercamiento al latin jazz, a la samba y la bossa de "Universe". Como particularidad más característica, "Crazy" de Gnarls Barkley se convierte en el séptimo corte en un baladón de corte gospel de impresión. Sólo digo una cosa: como este álbum no se incluya entre los mejores del año, me enfadaré muchísimo, aunque, pensándolo mejor, es posible que me convenga, porque de esa forma lloraré mis penas escuchándolo una y otra vez.

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