Sly & The Family Stone - There's A Riot Goin' On (Sony, 1971)

El año pasado, Sylvester Stewart, más conocido como Sly Stone, se daba una vuelta por Donosti y su Festival de Jazz. Ese anciano encorvado, con muestras de no ser más que el producto de sus muchos excesos y con muchas dificultades para moverse que se bajó del escenario para acercarse al entregado público es, aunque no lo parezca, el mismo que hace 40 años redefinió, junto a otros como James Brown o los Meters, el soul y R&B para convertirlo en un funk símbolo de la lucha por los derechos civiles y el Black Power y junto a su banda, la familia Stone, escribió durante los años que estuvo en liza varias de las páginas más importantes de la música popular afroamericana mezclando elementos del R&B, del soul, del funk, del rock y hasta del country. Como buen revolucionario de su tiempo, Sly Stone no podía mantener la boca cerrada y, erigiéndose como uno de los cabezas visibles del militante movimiento negro, publicó en 1971 junto a su banda uno de sus discos más importantes, "There's a Riot Goin' On", de vital importancia para comprender soul, funk y hasta Hip-Hop. Sly & The Family Stone ya habían tocado techo con su anterior álbum, el maravilloso "Stand!" (1969), pero es ahora cuando de verdad entran en el olimpo de los afrodioses. ¿Quién no recuerda esa batería de Greg Orrico tomando tu cuerpo de forma descarada, las fogosas y virtuosas líneas de bajo de Larry Graham (el pionero de la técnica conocida como slap que tanto puso en boga en los ochenta Marcus Miller) y esos metales poderosos con la trompeta de Cynthia Robinson al frente?. Pues eso es básicamente lo que "There's A Riot..." nos ofrece. Esto y funk del bueno, profundo, militante políticamente hablando, sucio y con ecos del ghetto. Temas como "Luv N' Haight", "Just Like A Baby", "Poet", "Brave And Strong" y la tremendísima y clave "Family Affair" te calarán hasta los huesos y, cuando menos te los esperes, te sorprenderás a ti mismo tarareándolas de camino al trabajo, en la ducha, mientras cocinas o incluso mientras tu jefe te da la murga. No se puede escapar al embrujo de funk y menos si viene de la mano de Sly Stone y los suyos.

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