Kanye West - 808's & Heartbreak (Rock-A-Fella, 2008)

Estos últimos meses han sido un infierno para Kanye West. A la muerte de su madre se une una ascensión mediática que le ha explotado en la cara al productor y mc de Atlanta. Esta misma semana la noticia de su arresto inundaba los titulares de la prensa británica que intentaban demonizar, lo más triste del asunto es que con bastante éxito, la figura de un personaje que siempre ha sido polémico pero nunca problemático. Es por ello que su último álbum lleva impreso en el cincuenta por ciento de su título ese "Heartbreak". En su cuarto trabajo West se despoja de la careta de tipo duro para brindarnos en bandeja de plata una serie de historias bastante oscuras y dolorosas de corte autobiográfico. La otra mitad hace referencia al Roland TR-808, un programador de percusiones que nació en los 80 y con el que West ha insistido en dar forma a todas y cada una de las canciones de su último elepé, "808's & Heartbreak". Todos son cambios de forma y giros en la carrera del mc, que ahora más que nunca parece decidido a saltarse los cánones del hip-hop con sus melodías de autotune, sus delays y distorsiones y todo ese sorprendente despliegue de reminiscencias del glam rock y el pop ochentero de lo más melódico.

¿Quién dijo que un rapero no podía cantar? Kanye puede - no le echemos en cara que lo hace con ayuda tecnológica - y demuestra con ello que no todo está inventado y que si alguien pretende ponerle algún adjetivo, que sea el de innovador. No vamos a negar que preferiríamos no escuchar en sus discos incoherencias como "Robocop" o esa sobreproducida "Tell Everybody That You Know", pero tampoco vamos a criticar ni por asomo que tome prestadas las raíces africanas, las adorne con arreglos electrónicos, sintetizadores y orquestaciones de cuerda y nos brinde el trabajo más original y arriesgado que ha visto la luz en el último año, sea o no el mejor, inagurando además un nuevo concepto dentro del pop. Así pues le damos crédito por temas como "Say You Will" o "Bad News", tan tétricos como sorprendentes, "Welcome To The Heartbreak" (apuesto a que no seré el único que aprecia ecos de los metaleros Europe), ese "Heartless" con sabor reggae, el discotequero "Paranoid" o las más poperas del repertorio, "Streetlight" y "Coldest Winter". Hasta aquel "Love Lockdown" que nos dejaba tan frios como el tono grisáceo de su portada hace apenas un par de meses, ahora cobra todo el sentido del mundo. Si Kanye quiere ponerse juguetón con sus producciones y conceptos, le damos vía libre; aún tiene mucho por ofrecer. Y nos preguntamos también, ¿Qué ha pasado con su fiel compañero, el oso de peluche? Todo un enigma.

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