Baikida Carroll - Shadows And Reflections (1982)

En la década de los setenta dos sellos afincados fuera de EEUU, más concretamente en Italia, cogieron el testigo de Blue Note e Impulse y, con una nómina de artistas descomunal, comenzaron a trazar el destino del jazz contemporáneo. Estos dos sellos se denominaron Black Saint y Soul Note y para ellos grabaron músicos de vanguardia como Julius Hemphill, Anthony Braxton, Roscoe Mitchell o Andrew Hill. Sin embargo, el protagonista de este artículo, el trompetista Baikida Carroll, no se incluye, normalmente, en la primera plana del catálogo de tan importantes discográficas pues es considerado más como un acompañante de verdadero lujo en grabaciones para verdaderos titanes como Oliver Lake, Jack DeJohnette, Muhal Richard Abrams o David Murray. Adscrito implícitamente a la corriente neoclasicista que intenta conjuntar tradición y vanguardia en el jazz, Carroll es uno de esos músicos en la sombra con los que todo el mundo querría grabar.

Son sólo tres discos los que tiene en el mercado. Vale, desearíamos que fueran muchos más, pero es tan potente el sonido desplegado en todos que le perdonamos esa supuesta falta de actividad, siempre hablando como líder, claro. En 1982, Carroll formaba un quinteto de auténtico ensueño para crear un extraordinaro "Shadows And Reflections". Esa formación que se componía de nada más y nada menos que Anthony Davis al piano, Dave Holland al contrabajo, Julius Hemphill al saxo alto y tenor y Pheeroan akLaff a las baquetas y, haciéndose eco de ese neoclasicismo citado anteriormente, desgranaba el bop para unirlo a las nuevas tendencias free surgidas en la época. Un trabajo protagonizado por unas bases rítmicas eminentemente post bop con improvisaciones solistas dentro de ese desorden controlado que es costumbre en esta corriente y que se plasma en unas emocionantes conversaciones entre instrumentos. Hemphill está tremebundo, Holland como siempre, Davis en las teclas alcanzando unas notas increíbles, Carroll potente como él solo y AkLaff sobrio en la batería. Podéis etiquetar esta música como os plazca, podéis vislumbrar influencias de aquí y allá e incluso podéis huir hacia cosas con más swing, pero no os llevéis a engaño. Esto es jazz en estado puro.

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