El Blues, John Lee Hooker y Burnin’

El Blues es ese gran desconocido. Esa música profana surgida a partir de los espirituales y las canciones de trabajo negras en las plantaciones de algodón del sur segregacionista de EEUU en el siglo XIX. Mucha gente escucha en la actualidad prefabricaciones tales como Beyoncé o Usher sin preguntarse de donde proceden. Sin preguntarse qué sería de ellos de no haber existido tantos géneros previamente. Sin el soul y el funk, no existiría el Hip-Hop pero no es posible la total comprensión de todos sin conocer su procedencia anclada en el rhythm and blues, el gospel y el blues. Anclada en las profundidades de la América africana, en las raíces de los trabajadores afroamericanos.

Hubo grandes y diversos artistas que hicieron blues desde los comienzos. Este primer tipo de blues nació en el delta del Mississippi y se caracterizaba por ser interpretado en su mayoría por un solista y su guitarra en una interacción en la que la voz y las cuerdas mantenían un apasionado diálogo. Formas de expresión contemporáneas o más tardías como el country, el folk y el jazz le deben todo al blues negro que se practicaba en el sur de EEUU hace dos siglos. Robert Johnson, Son House, Mississippi John Hurt, Skip James, Elmore James, Bukka White o Leadbelly son algunos de sus intépretes más famosos y sus primeras grabaciones datan de principios del siglo pasado. Sin embargo, existieron también varias figuras que, además de tocar acústico Delta Blues, abrieron el género a campos eléctricos tomados a partir del estilo primitivo. Este es el caso de Muddy Waters y el Chicago Blues que luego desembocara en el soul blues o, nuestro protagonista en este artículo, John Lee Hooker y su Blues de Detroit, muy similar al de Chicago. En estos estilos, el blues dejaba de ser cosa de solistas, para ampliarse a bandas ordinarias donde comenzaban a tener protagonismo los pianos, los bajos y las baterías. Desgraciadamente, el grueso del público que dice escuchar blues hoy en día se queda en la superficie y reconoce más la labor de músicos blancos (Clapton, Mayall, Ford, Moore…) que, siendo igualmente grandes, no hacen otra cosa que “copiar” lo que los negros llevaban haciendo toda la vida solo que sin éxito comercial. Es un ejemplo más de esa máxima que en música no falla: “Los negros inventan, los blancos copian”.

La carrera de Hooker comenzó en 1948 tocando blues acústico o Delta Blues, pero a los pocos años se fue viendo también influenciado por el blues eléctrico que Muddy Waters estaba comenzando a introducir. Ejemplo de esta influencia es “Burnin’”, su disco de 1961. Publicado por la discográfica Vee Jay, supone uno de sus trabajos más importantes. En él podemos escuchar a un Hooker flanqueado por una excelsa banda (batería, bajo, segunda guitarra, piano y saxo tenor) y tocando temas tan conocidos como el posteriormente archiversionado “Boom Boom” de su propia cosecha y donde destaca el pianista Joe Hunter, además de la guitarra del propio Hooker o el sublime “Blues Before Sunrise” del no menos magnífico Leroy Carr que versionara en su “From The Cradle” el británico Eric Clapton. Esto es blues desde las raíces, pero enfocado desde la perspectiva eléctrica que da la evolución del género. No puedes pretender comprender correctamente la historia de la música sin haber escuchado previamente algo de blues en general y de John Lee Hooker en particular. El blues te hace ver las cosas desde otra dimensión totalmente alejada de la superficialidad. Y Hooker es el emperador supremo de esa dimensión. Dios salve la figura del bluesman.

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